La comida del domingo: el ritual italiano que sobrevive a la rutina

De lunes a viernes se sobrevive. Se madruga, se cumplen horarios, se cena deprisa porque mañana hay colegio y porque las extraescolares no entienden de sobremesas. Septiembre tiene siempre ese aire de reloj recién puesto en hora: todo vuelve a su sitio y la comida se convierte en una gestión más del día, algo que se resuelve entre dos tareas.

Y entonces llega el domingo.

En Italia existe un nombre para eso: il pranzo della domenica. No es simplemente una comida más larga. Es el día en que la cocina se enciende temprano, la casa huele a salsa desde media mañana y nadie mira el móvil para ver qué hora es. Es la única comida de la semana que no está al servicio de otra cosa.

En Italia, el domingo se cocina desde por la mañana

La escena se repite en cualquier casa italiana y probablemente también en la tuya, con otros ingredientes. La abuela lleva desde las diez con el ragú al fuego. La familia va llegando de dos en dos. Alguien pica algo de pie en la cocina porque no aguanta hasta que se sirva. La mesa se llena, se vacía, y aun así nadie la recoge: la sobremesa dura más que la comida.

En España conocemos bien ese ritual, aunque lo llamemos de otra forma. Por eso la cocina italiana se entiende tan rápido aquí: comparte la misma idea de fondo, que comer es una excusa para estar juntos y no al revés.

Lo que cambia son los platos que llegan a esa mesa.

Las recetas de la nonna: lasaña y parmigiana

Hay dos platos en nuestra carta que no salen de un recetario profesional. Salen de una casa.

La lasaña es la receta de la abuela de la familia Basile, tal cual: salsa de tomate BIO, carne picada y capas que se montan con paciencia. Es un plato de horno, de los que no admiten prisa y no se pueden hacer para una sola persona. Un plato que existe precisamente porque hay más gente en la mesa.

La parmigiana es su hermana vegetal: berenjenas rebozadas, mozzarella Fior di Latte italiana, salsa de tomate BIO, provola, Parmigiano Reggiano de 18 meses y albahaca. En Italia se discute cada verano de dónde es originaria, si de Nápoles, de Sicilia o de Parma, y esa discusión también forma parte del domingo.

Los dos comparten algo: llegan a la mesa en su propia fuente y se reparten. No son platos individuales disfrazados. Son platos de centro.

La pasta que pide un domingo

Antes de elegir la salsa, conviene elegir el formato. En nuestra cocina trabajamos tres: spaghetti, tagliatelle y gnocchi, y no son intercambiables. El spaghetti se lleva bien con las salsas que envuelven. El tagliatelle, más ancho, sujeta las que tienen cuerpo. El gnocchi, blando y goloso, se queda con todo lo que toca.

A partir de ahí, el domingo tiene sus candidatas naturales:

  • Boloñesa. Salsa de tomate BIO con carne picada mixta, cocida durante cuatro horas. Cuatro horas no es un detalle de marketing: es exactamente la diferencia entre una salsa de carne y un ragú.
  • Amatriciana. Tomate BIO, tomate cherry al horno, cebolla roja, guanciale de Amatrice DOP, pecorino romano DOP y guindilla. Una de las cuatro salsas romanas clásicas, en su versión de siempre.
  • Carbonara. Guanciale de Amatrice DOP, yema de huevo, pecorino romano DOP y pimienta negra. Sin atajos y sin ingredientes que no le corresponden.
  • Raviolo de trufa. Pasta rellena de trufa y mozzarella con crema de champiñones, pecorino y nata. El plato para quien quiere que el domingo se note.
  • Mezzaluna. Pasta rellena de mariscos y zamburiña con salsa de pimiento, stracciatella, albahaca y ralladura de limón.

Y si en la mesa hay alguien que ese día no quiere pensar, la genovese con pesto, tomate cherry al horno y Parmigiano Reggiano nunca ha fallado a nadie.

Antes de la pasta, el centro de la mesa

El domingo italiano no empieza por el plato principal. Empieza por lo que se pone en medio para que todos alcancen.

Una selección de quesos y embutidos italianos con búfala Campana DOP, queso de trufa curado en cueva, pecorino romano DOP y Parmigiano Reggiano de 18 meses. El provolone filante con tomate BIO y orégano, que se estira al levantarlo y siempre provoca la misma reacción. La tabla de verduras al horno. Las croquetas, que aquí no son un relleno de última hora: la de gorgonzola dulce DOP con achicoria y nueces, la de sobrasada picante de Calabria, la de carbonara con guanciale y pecorino.

Y la pinsa de ajo, nuestra masa untada con Fior di Latte y aceite de ajo casero, que es lo que ponemos delante de la gente para que aguante mientras llega el resto.

Y la pinsa, que aquí nunca falta

Somos la primera Pinseria Romana de España, así que sería raro que el domingo no hubiera pinsa en la mesa.

La diferencia respecto a una pizza está en la masa. La nuestra se elabora con harinas de soja, arroz y trigo, con ingredientes 100% vegetales y naturales, sin más grasa que el aceite de oliva virgen, y fermenta de forma natural hasta 72 horas. El resultado es una base muy hidratada, ligera, crujiente por fuera y con solo un 0,1% de grasa.

Eso importa un domingo más que ningún otro día. Una comida larga, con antipasti, pasta y postre, puede terminar de dos maneras muy distintas. La pinsa está pensada para que termine bien: se digiere sin esfuerzo y permite levantarse de la mesa con ganas de dar un paseo, que es, al fin y al cabo, la segunda parte del plan.

La mesa larga también es de los niños

Un domingo en familia no funciona si los peques se aburren o si no hay nada que les apetezca. Por eso tenemos menú infantil: patatas fritas, mini pinsa a elegir entre las clásicas o tallarines con tomate y parmesano, bebida y un bol de helado para cerrar.

Y para los mayores, el final del domingo tiene nombre propio: tiramisú clásico, de pistacho o de Nutella, soufflé de pistacho, tarta de queso o una pinsa de Nutella para partir entre todos, que suele ser la manera más rápida de alargar la sobremesa otra media hora.

Dos casas para el mismo domingo

Nuestra historia empezó en Roma, en Via degli Equi 39, y desde allí trajimos la receta a la provincia de Alicante.

  • Elche — Carrer Jose García Ferrández, 1
  • Santa Pola — Calle Fernando Pérez Ojeda, 9-7

En las dos encontrarás la misma masa, la misma carta y la misma idea: que el domingo no se resuelve, se celebra.

La rutina de septiembre ya se ha instalado y va a durar hasta junio. Pero quedan cincuenta y tantos domingos por delante, y eso es mucho tiempo para desaprovecharlo comiendo deprisa.

Reserva mesa para tu domingo y deja sitio para el tiramisú.