EL CHEF
Alessio Basile
El Pinsero que trajo Roma a España
Tenía solo 18 años cuando empecé a trabajar con la Pinsa Romana, sin imaginar que aquel primer contacto con la harina, el agua y el tiempo se convertiría en una verdadera historia de vida.
Entre hornos, risas y manos cubiertas de harina, descubrí la magia de una receta ancestral que representa a Roma en su forma más genuina: crujiente por fuera, ligera y aireada por dentro.
Esa pasión me llevó a formarme oficialmente como Pinsero Certificato, inscrito en el Albo dei Pinseri Romani, para dominar la técnica y honrar la tradición de la auténtica cocina italiana artesanal.
Porque hacer una Pinsa Romana no es solo cocinar. Es arte, es memoria, es emoción.
Y cada día, al abrir el horno, siento la misma ilusión que aquel chico de 18 años en Piazza Buenos Aires.
Alessio Basile
El pinsero que trajo roma a españa
Todo comenzó en Roma, en una pequeña esquina de Piazza Buenos Aires, donde el aroma de la masa fermentando se mezclaba con el arte urbano y el ritmo de la ciudad.
Tenía solo 18 años cuando empecé a trabajar con la Pinsa Romana, sin imaginar que aquel primer contacto con la harina, el agua y el tiempo se convertiría en una verdadera historia de vida.
Entre hornos, risas y manos cubiertas de harina, descubrí la magia de una receta ancestral que representa a Roma en su forma más genuina: crujiente por fuera, ligera y aireada por dentro.
Esa pasión me llevó a formarme oficialmente como Pinsero Certificato, inscrito en el Albo dei Pinseri Romani, para dominar la técnica y honrar la tradición de la auténtica cocina italiana artesanal.
Años después, esa misma pasión cruzó fronteras y llegó a España. Nació Pinsería Basile, el primer restaurante en traer la auténtica Pinsa Romana a España, donde la tradición romana se encuentra con la calidez mediterránea, y donde cada pinsa cuenta una historia: la mía, la de Roma y la de todos los que se sientan a la mesa para compartirla.
Porque hacer una Pinsa Romana no es solo cocinar. Es arte, es memoria, es emoción.
Y cada día, al abrir el horno, siento la misma ilusión que aquel chico de 18 años en Piazza Buenos Aires.